Contexto del mundo helenístico
En los siglos I y II, el cristianismo convivió con filosofías y religiones que distinguían entre un Dios trascendente y un mundo material problemático. Algunos grupos incorporaron mitos de emanaciones, aeones y un demiurgo creador inferior. Estas ideas influyeron en maestros que reclamaban una interpretación «espiritual» del mensaje de Jesús reservada a iniciados.